Carlos Gaviria Díaz fue y sigue siendo para nosotros un hermano y un sabedor, como 
en el mundo indígena les decimos a los Maestros que abren tocha para que sigamos 
caminando política y espiritualmente.  














Quienes nacimos indígenas antes de 1996 sabemos bien lo que significa ser nombrado salvaje en las leyes del Estado, y lo degradante que era el hecho de que siguiera utilizándose ese término para referirse a nosotros, aún cuando cinco años atrás se había promulgado la Constitución Política de 1991, que reconoce y protege la diversidad étnica y cultural en Colombia.   

Ciertamente,  vivimos un país donde el racismo ha hecho carrera, donde todo el tiempo debemos defender nuestro derecho a existir, ser autonomos y auto gobernarnos, donde continuamente estamos “aclarando y ratificando” que nuestros conocimientos y cultura son tan importantes como los de cualquier otra llamada civilización en el mundo.  En ese contexto adverso, siempre tuvimos la certeza de la solidaridad de un amigo y compañero del Movimiento Indígena: el maestro Carlos Su respeto profundo por la dignidad de los Pueblos Indígenas de Colombia se vio plasmado en una de las tantas sentencias de las que fue ponente, la Sentencia C-139 de 1996, mediante la cual se declaró inconstitucional la denominación de salvajes a los pueblos ancestrales, que estaba contenida en la Ley 89 de 1890.  En dicha sentencia se proscribió cualquier trato indigno o denigrante que en el lenguaje pretendiera imponer una condición de inferioridad y se reafirmó el legítimo derecho a que existieran autoridades judiciales en los territorios indígenas, defendiendo con ello el pluralismo y la diversidad.

Carlos Gaviria Díaz fue y sigue siendo para nosotros un hermano y un sabedor, como en el mundo indígena les decimos a los Maestros que abren tocha para que sigamos caminando política y espiritualmente.  

Puso sus conocimientos y saberes de filosofía, derecho y política al servicio de nuestra lucha histórica por la dignidad y la justicia. Hacia él y su legado tenemos un sentimiento de profunda gratitud por su trabajo al servicio de la diversidad, el pluralismo y la democracia, porque como político, profesor, ex magistrado, constitucionalista y ex candidato presidencial de Colombia hizo siempre un llamado a hacer política con ética. Le deseamos paz y armonía con la naturaleza, que la Madre Tierra y los espíritus mayores lo protejan siempre. Lo extrañaremos, sin duda.  Su partida pasajera deja un gran vacío en la democracia de nuestro país.  Pero sabemos, por nuestra propia historia, que los legados de los sabedores permanecen y brotan en el territorio, porque los indígenas no sepultamos a los nuestros, los sembramos para que sigan abonando la resistencia a favor de la Madre Tierra. Y, precisamente, fieles al compromiso con la lucha por una vida digna, en Paz y con justicia social, este 9 de abril nos reencontraremos con la palabra accionada. 

Portaremos en alto el bastón por la Paz de Colombia para el mundo. Desde cada realidad y cosmovisión propia, la gente indígena  exigiremos a una sola voz acciones reales para concretar la Paz con justicia, reparación y reconciliación entre todos y 

¡Todos a marchar, caminar, danzar, tejer, cocinar, sentarse en el banco por la Paz de Colombia para el Mundo!¡Cuenten con nosotros para la Paz, nunca para la Guerra!

AUTORIDAD NACIONAL DE GOBIERNO INDÍGENA – ONIC

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